domingo, 5 de mayo de 2013

Taxonomía Citadina

I

La vida de un poeta suele ser, antes que cualquier otra cosa, la vida de un lector. A través de la lectura el poeta pule su estilo, elige sus influencias, aprende a versificar. A veces, ante la belleza de un poema, se detiene a examinar verso por verso, deconstruye, analiza el tramado escondido bajo la pulcritud de la página, descubre la carpintería secreta de la obra.

Es contemplando como un poeta se construye.

II
¿Cuántas veces no desea un poeta haber escrito él los versos que más lo han hechizado? El poeta es obsesión; comienza escribiendo variaciones de sus poemas favoritos. Consciente o inconscientemente, la influencia de sus ídolos se asoma a través de sus propios versos. Con el tiempo, las resonancias se conjugan, se suma una voz propia descubierta con los años, se cristaliza la poesía personal. Sin embargo, quedará siempre la estela de los versos que lo han maravillado. Recordará irremediablemente la música de otros poetas, habrá una reverberación eterna en su memoria, le quedarán versos inolvidables.

III
¿Qué hacer, pues, con esos versos? A veces, intactos, han de reutilizarse. La poesía moderna suele incluir, en una tradición que culminó en The Wasteland, ecos de imágenes que no son propias. Mas, ¿se ha hecho acaso un poema exclusivamente de versos ajenos? Mis lecturas jamás me han mostrado algo similar. ¿Por qué no elaborar un collage de versos? Conservar la métrica, crear nuevas imágenes, expulsar lineas de su poema original y conjugarlos en un texto nuevo. Ese es precisamente el experimento que el artista Yeudiel Infante y el que esto escribe hemos realizado.

IV
El primer desafío consistió en encontrar un tema adecuado. La respuesta llegó a nosotros por una ocurrencia  súbita pero afortunada; sea la fauna de la ciudad, esa que con los años se ha reducido a un puñado de especies solitarias: Gatos, perros, ardillas, hormigas, ratas, arañas y cucarachas.

Podrá pensarse que esto no es más que un sofisticado sistema de plagio; nada más alejado de la verdad. No es sencilla la labor de navegar entre libros a la búsqueda del verso correcto, combinarlos, construir estrofas bellas. El talento y el estilo de ambos se muestran precisamente en ese proceso de elección: nadie más hubiera elegido robar los mismo versos, ni los hubiera dispuesto de la misma forma.

La elección del corpus para este proyecto estuvo sujeta a la total libertad de cada uno. Ya me es imposible explicar de quién es cada una de las lineas que conforman estos poemas: lo he olvidado. Puedo, sin embargo, recordar que utilicé toda la poesía hispana que me fue posible. De Gonzalo de Berceo y la Grandeza Mexicana hasta poemas contemporáneos de colegas publicados en editoriales lúcidas y bien curadas (Verso Destierro, por poner un solo ejemplo). Todo sin olvidar a mis propios ídolos: Paz, Vallejo, Huidobro, Pellicer, Segovia.

Sin más, he aquí los poemas que conforman la mitad de Taxonomía Citadina. Los poemas compuestos por Yeudiel Infante serán publicados en este mismo blog apenas el poeta me extienda su permiso.

lunes, 15 de abril de 2013

Monólogo


Pasión en las palabras, fuego.
Más vale encenderlas.
Antes el espanto, la hoja
manchada de alcohol, la sangre
del bolígrafo en las manos,
la exclamación, el grito
doloroso del lenguaje.
Mejor que no quede nada,
ruinas, escombros, piezas, nada.

Hacerlas pedazos, palabras,
cristales, iglesias, cultos,
olvidar las piedras de sol,
la espada, el santo oficio,
las tres culturas, a Dios.
Mejor olvidarlo todo,
borrarlo, tus labios, borrarlos.
Mejor caminar entre los muertos,
todo por una sílaba.
Todo por la voz apropiada;
la de todas las cosas,
la de antes de la historia,
la de antes, Poeta,
de nuestros propios versos
              [despoblados.
una voz de ojos abiertos
                y sentidos alerta.

"Me has hablado en esa voz".
-le dijo Zeus a sus amantes-
"me has hablado en otro idioma,
con palabras que son cuerpos,
sonido, peso, sabor,
luz, carne expuesta, piel
que toca la piel mía."
Esa voz se escucha en la Ciudad.

Ah, la ciudad.
puentes y calles subterráneas.
                        Color.
risas lejanas, sonido de pasos,
luces, resonancia en los muros,
sangre en el suelo, fantasmas,
cosas. Tantas y tantas cosas.

Y las memorias,
la chispa del alcohol en los recuerdos.
Los perros, la vida disuelta en horas
sin paso ni sabor ni sustancia.
Meras memorias, sobras,
cabos sueltos, tiempo enmohecido,
bruto, seco tiempo derruido, ¡no más!
que no haya más en este mundo.
que no haya más que tú.

Tú que sabes a rituales del pasado,
piedra ensangrentada, luz de antorchas,
maravilla del nuevo mundo, centauro
fuente bautismal de tu propio cielo,
sin Dios, sin edenes prometidos.
Sólo la gracia de verte bailar,
sólo el milagro que me oculta tu falda,
eternidad vuelta carne humana,
senos fragantes, piernas dúctiles,
súcubo, mujer, hetaira, quimera.
promesa, lúcido encuentro, mujer.
Ojalá desaparecieras.

Mundo, ojalá desaparecieras.

lunes, 18 de marzo de 2013

Westminster al atardecer

A veces ser no es más que un simulacro,
una farsa contada a los vecinos,
una obligación suscrita por contrato
-como llevar el uniforme del instituto
u obedecer la luz de los semáforos-.
A veces uno es en automático.


¿Cómo he de ser, si el tiempo me envuelve?
intento atraparlo: el instante ha pasado
mientras tanto de alcanzar el presente.
Apenas las miro, las cosas mueren;
ya no son las mismas, dejan su piel
segundo a segundo en la carrera
contra el reloj, los oráculos y el viento.


¡Ah, la tolvanera del viento!
quisiera deshacerme en un mar de tierra
como esa que levantaron mis pasos
caminando por la sierra.
Cuando muera, quisiera deshacerme
en las tolvaneras.
Volver a ser fuego y arcilla y arena.
No he olvidado la noche queretana
pero no soy yo quien la recuerda.
¡Quisiera dejar de descarnarme
en la quimera del tiempo y su inclemencia!


Quisiera romper la cadena del tiempo,
perder la edad, olvidar la prisa,
soltarle la rienda a mis pasos.
Colgarme del instante, perpetuar
para siempre el aquí y el ahora.
Vivir en una tarde interminable
con el cielo en un un pálido incendio
de nubes aurificadas. Una tarde
digna de un famoso asteroide:
Be seiscientos doce.
Una tarde ya sin tardes.

Y así, lejos de sus fauces,
olvidarnos del tiempo, amor.
Olvidarnos.

martes, 12 de marzo de 2013

Lorenzo Barquero en la Sabana

No lo invoco
ni le cuento su nombre a los extraños
pero sé que junto a mí hay un espacio,
una duda,
              un desacuerdo,
un territorio indómito y salvaje
que les hace dudar un instante
 antes de acercarse.           --

No es un recuerdo
                             ni un fantasma.
                         No.
Es una presencia
                         una otredad
hambre de estar vivo.
Es algo más que un presentimiento,
lo más cercano a su nombre es nostalgia:
De lo que fui.
                     (de lo que soy).


martes, 12 de febrero de 2013

Oleajes

Al filo del vaso abandonado,
frotan sus patas las moscas lujuriosas
(cada una es la oscuridad de la noche).
Yo camino en la orilla más soleada,
no busco nada: busco sombra,
la calma junto a un cuerpo,
debajo de un cuerpo, frente
a un espejo que nos repita.

Los automóviles formados en el sol
se derriten bajo la tarde ardiente.
Cementerio de cacharros malévolos.

Frente a mí, sentado en la banqueta,
un muchacho se da un festín de uñas.
Las muerde con la vista distraída,
con la mirada observando para adentro.
Con bocados específicos, precisos,
disecciona el cadáver de sus células.

Cuento tres veces las letras blancas:
Coca-cola coca-cola coca-cola,
todas sobre el mismo telón rojo.
La tarántula vendiendo su veneno.

Trenes taxis buses caminos
calles, calles, calles.

Dos horas más tarde estoy frente a un cuaderno,
y la mente se desliza hacia otros cauces:
la obligo a detenerse en el cielo nocturno:
sólo se ve el óxido de una estrella
abandonada tras las ramas de un saúz.
Busco, veo cuatro pirules temerosos,
apretujados junto a la luz de un farol.
Veo más, veo una calle húmeda y sola.
Miro mi interior: una duda encendida,
como un cirio en una iglesia de la sierra.
Veo la espalda de una mujer desnuda
que se desvanece de mis sábanas,
apenas levanto la mirada.

Veo un barquito de papel que tú inventaste
una tarde a la mitad de la Reforma
(te recuerdo esa tarde y otras tardes,
el color de tu sonrisa por las noches).
Y como en un barco de papel te imagino
en el punto aquel del horizonte
donde no se alcanza a distinguir
si van o vienen los navíos.
Así tú te pierdes en la aurora.
 [Así no sé si hoy volverás, mujer.
  así no sé si abandonar los muelles.
Así no sé si hoy volverás.

(Anochece frente al mar,
frente a su bella inmensidad).

miércoles, 9 de enero de 2013

Poema -Aún- Anónimo.


And whyl the organs maden melodye to God alone in herte thus sang she.
Geoffrey Chaucer, The Canterbury Tales. 


Has nacido desnuda en el lodo.
Eres la mujer terrestre, más terrestre
que mis ojos han visto. Existes.
Pisas esta tierra cuando estás descalza,
frágil felina, caminas
y cada paso tuyo está más lejos de mí.
Y luego vuelves, ¡Qué gozo cuando vuelves!
qué manera de dejarme la miel en los labios.

Fría escultura, luz entretejida,
filtrada a través de tu lente.
¿qué es lo que estás despertando?
                                            (  aún no;
un mal profeta podría pensar así  )
estás derrotando a mis tropas,
mis últimos refuerzos.

Mas la entrada es victoriosa:
¡he aquí las ofrendas, he aquí las joyas!
he aquí mi acta de nacimiento.
Tuyo es mi tiempo, tuyo el resplandor
que ilumina la noche de los ciegos.
No en vano tu nombre guarda
a los poetas, patrona.
No en vano me alumbras.

Teatro de sombras, espejos reflejados.
Me desperezo; hay algo nuevo en el día.
El sol incide de maneras distintas,
La noche muestra las cosas ocultas,
el universo se estrella en pedazos.
Bienvenida a la tierra baldía,
al lugar de armatostes enterrados.
Este soy yo, este ajedrez polvoso,
esta cama deshecha, este silencio.
Este deseo postergado, mil veces
postergado, de que por fin pase algo.

(Ayer vi sombras bailar en tu cabello,
creí advertir un matiz finísimo
a la mitad de un momento infinito).
Frente a mí, tu cuerpo tiembla,
se me revela; antifaz puesto,
gafas inservibles montadas.
Lo demás, descubierto.
No hemos tocado el cielo, amor.
pero flota pendiente aquel beso.
                 (Y la mujer: yo te cielo).

Feliz aquel que te encuentra, Tú,
de nombre mil veces repetido,
dicho de mil modos distintos. Tu nombre.
¿Tú piensas el mío? ¿Recuerdas el mío?
¿Lo pronuncias con cariño?
Ojalá se iluminen tus labios, amor,
cuando digas el nombre mío.
Que mis labios quedaron prendidos
cuando oyeron del tuyo el sonido.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Debate

No queda más,
más que caminar la milpa seca,
la calle vacía, la nopalera,
subir y bajar los cerros.
                                      La visión exorbitante
                                      de hectáreas de tierra yerma
que amanecen bajo el fuego
                                       y tiemblan
con el estruendo del sol
quebrando la niebla.
Proyección a la nada, espejo sin fondo,
este paisaje = mis palabras

No queda más

que las manos que sangran
en la noche gélida.
No más que el empedrado,
no más que los fantasmas
al salir de la casa;
la calle desierta,
el silencio inaudito
de las tres de la mañana.
                                      (No hay luz que alumbre mis pasos).
Arrastro
Los pasos y las palabras
se deslizan a este instante abierto;
cáliz donde rompen las olas
inmateriales de lo que siento.

No queda más

que esta sangre estéril en mis venas.
No hay más que las sílabas rotas;
ecos de aquellas palabras
perfectas, completas, reales,
que dije en alguna otra vida
y que extraño desde que nací.
No he sabido de ellas
no las he hallado nunca.
Sólo he encontrado estas ruinas
estas voces rotas
este lenguaje hecho de sombras. 
                              Sólo quedan estos vestigios
                              este espejo roto, este cisne muerto
                              este morir que es estar vivo.


La verdad se me escabulle, flota
incorpórea en un aire imposible.
No la asiré nunca, las palabras
jamás la han expresado, los conceptos
nunca han podido nombrarla:
He abatido letras, he fatigado diccionarios                                                    
he dominado lenguajes y alfabetos. Nada .




Este mundo que yo habito
no puedo mostrarlo:
naufrago en un mar de palabras
sin significado.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Palabra en Llamas


El poema se sufre,
 sangra del cuerpo abierto,
Queda en la hoja:
testigo de un crimen,
acta del exorcismo.
La poesía
es una herida que arde.
Decirla
quema la lengua.
Duele.
Yo escribo
por supervivencia.
Por acto ritual.
Por sacarme las sanguijuelas.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Bitácora del Insomnio


Escribir es un conjuro nocturno
la poesía se escribe a la mitad de la noche
ebrio de alcohol de locura de suciedad de amor.
Escribir mientras otros duermen
es jugar a ser oscuro, felino, silencioso:
¡Qué amable silencio el de las cinco
de la mañana. Qué calma se percibe!
(Qué ilusión pensar que las cosas
pueden ser borradas por el tiempo.
Los recuerdos viven con nosotros,
y junto a nosotros es que duermen.
Un día devienen esculturas
y podemos verlos y acercarnos
sin que nos extraigan las entrañas
y nos saquen los ojos
a dentelladas)

Yo no le temo a la noche:
las fieras viven en los pulmones
los fantasmas en las memorias.
Inventamos farolas, antorchas, bulbos
pero la noche no es menos inmensa.
No hemos borrado lo oscuro de la noche:
eso que vive dentro del hombre
eso que no tiene nombre
y que tantos destierros encierra.

Lo grave de la noche es estar dormido,
encontrarme en sueños contigo
encerrados en el mismo laberinto
pisando las mismas baldosas
luchando con el mismo encierro.
Volver a bendecir  tu sexo
olvidarme de que existes fuera del sueño.
Ojalá te encontrara algún día
para dejar de rezarle a tu nombre.
Arrancarme tus besos a pedazos.
Ojalá pudiera volver a tocarte
para convencerme de que tu carne
es tan humana como la mía.
(Ya te he olvidado
pero en mis dedos quedó la nostalgia
de tu piel ardiendo por las noches).

Reverberas en instantes brumosos.
Con tu lengua azul me lames los huesos.
¿Es tu sonrisa o su fantasma
eso que me encuentro por las calles?
En esquinas trenes autobuses
me observas con los ojos muertos
y la muerte te cierra la boca.
Calles plazuelas cafés librerías
ciudad nocturna, rumores de pasos
murmullos que doblan la esquina.
En las calles de la colonia Roma
el eco de mi risa no ha dejado
de resonar en los parques.
(Acaso yo mismo, mi esencia
no los ha abandonado).

Un atardecer que se incendia
una historia que danza sobre sí misma,
Una nube que se mueve apenas
por un viento que débil se insinúa.
(Banca de parque:
                              estrado del juicio final
silla eléctrica de la condena a muerte.)
En medio de la tarde más bella
nuestros cuerpos se enredaron sin amor
hijos de la necedad, del hambre, del tiempo.
Sin ver la tarde ni la noche posterior.

¿Qué nos queda?
Las palabras, la falsa indiferencia
las palomas mensajeras.
¿Qué somos?
tiempo gastado,  agua estancada
Incendios repentinos y aislados
¿Valió la pena?
Guardamos la lengua
y nada decimos. Y nada somos.
Y nada fuimos
(Palabras putas,
bola de traicioneras).

Afuera huele a humo
y el cielo está tan limpio
tan clara su falda de estrellas.
Amanece, huele a carbón,
se oyen los gallos
(apenas parpadeo
                         yo recuerdo sus piernas)
La luz vieja de una estrella
se resiste y tiembla.
Yo vuelvo a pensar en su nombre:
                                                            ella.
Mas no vale la pena. La muerte existe
sin tener que enterrarse en la tierra.

viernes, 9 de noviembre de 2012

"Siete Poemas" de Mark Strand

I

A la orilla
nocturna de tu cuerpo
nacen diez lunas.

II

La cicatriz te recuerda a la herida
que a la vez te recuerda tu dolor.
De nuevo estás llorando.

III

Caminamos bajo el sol
y nuestras sombras navegan en silencio.

IV

Mi cuerpo está tendido
(escucho mi propia voz
tendida conmigo).

V

Contiene placer la roca
y se abre.
En ella entramos
como entramos en nosotros
todas las noches.

VI

Al hablarle a mi ventana
le cuento que el todo
encierra al todo.

VII

Ya tengo la llave
así que destrabo la puerta
y entro.
Aunque está oscuro, entro.
(Porque está más oscuro, entro).



Poema original en este enlace.